Lucía Méndez en El Mundo, 18.04.09

Impresiona la actitud de los empleados de los aeropuertos saludando en silencio al cadáver y la de los automovilistas que encienden las luces y marchan en caravana cuando se dan cuenta de que en el coche viaja un soldado muerto. Pero lo que de verdad estremece es el rostro de Kevin Bacon que sostiene toda la cinta. Es la cara -solemne, triste, reflexiva, inteligente- de quien considera que esta misión de escolta final es la más importante, la más honorable, la más digna y la más trascendental de su brillante carrera militar. El ritual del honor tiene la cara de Bacon cuando saluda llevando su mano con guante blanco a la gorra, con el pecho lleno de medallas y los ojos brillantes y apenados mirando al infinito. Todos los militares estadounidenses muertos tienen su escolta.
El general Navarro, el ex ministro Trillo, el ex presidente Aznar y los demás militares que participaron en la repatriación de los cadáveres del Yak-42 deberían ver la película. A ver si se les cae la cara de vergüenza. Lo que estamos oyendo en el juicio de la Audiencia Nacional revela un comportamiento infame e indigno con los muertos y sus familias. Puede que las elecciones depuraran la responsabilidad política de los que mandaban entonces. Pero la responsabilidad moral les escoltará hasta el fin de sus días.




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